Empezamos (I)


En el mundo de las fianzas y las inversiones podemos dividir a las personas en al menos dos grupos, los que ahorran y los que invierten. Mi padre es una persona ahorradora. Una hormiga. Se ha pasado toda una vida acumulando y acumulando. Y ¿para qué? Para nada. O para poco. Nunca fue de invertir mucho, la verdad. Es cierto que tuvo mala suerte en dos operaciones inmobiliarias, sus dos mayores hitos inversivos. Compró caro y vendió barato. Al revés de lo que debiera haber hecho. Me regaló un pequeño paquete de acciones de una empresa con dividendos. Compra de vez en cuando paquetes de acciones de una única empresa. Y poco más. No me malinterpreten. Pobre no es. Tenía su trabajo, ahora tiene su jubilación. Vive bien.

Creo, sin embargo, que le podría haber podido ir mejor. Haber hecho más y estar mejor. Tengo la sensación de que en menos tiempo yo he conseguido más de lo que el hubo conseguido. Yo soy una persona inversora. 

Llevo varios años aprendiendo a invertir de una manera intuitiva. Es un error, la verdad. Y muchos de los que lean estas lineas quedarán horrorizados. Pero mi intención no es dar consejos. No es establecer unas lineas de inversión. No pretendo sentar método. Solo quiero compartir y llevar un pequeño diario de lo que hago. Y si alguien lee esto, tal vez inciar un pequeño debate. Pero no más. 

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