Mi cartera de Dividendos Crecientes (I)

 Vamos a empezar a hablar de la primera pata de la que hablabamos en la entrada anterior sobre las que se sustenta mi cartera de inversión: mi cartera de dividendos crecientes.

Al pensar en los dividendos crecientes me viene a la cabeza ese juego de móvil llamado la aventura capitalista. En ese juego empezamos con un pequeño puesto de limonada. Se van generando una serie de beneficios que se invierten en mejoras, lo cual genera más beneficios y asi de manera exponencial.

Pues la teoría de los dividendos crecientes es la misma. Pongamos que yo tengo un paquete de 5 acciones que me generan un dividendo X. Si yo invierto ese dividendo en acciones pasaré a tener 6 acciones. Eso me generará un dividendo, que me permitirá comprar otra acción más y el año siguiente serán 7 acciones las que me generarán dividendo. Y el año siguiente podré comprarme 2 acciones más, por lo que al siguiente año serán 9 acciones las que me generarán dividendo. Estas 9 acciones me generarán un dividendo que me permitirán comprar 3 acciones más y tendré 12 acciones. Y así hasta el infinito.

Leyendo las lineas anteriores vemos que en un periodo de tiempo hemos conseguido con una pequeña cartera incrementarla solo con el dividendo que producen. Bonito y sencillo, ¿verdad? Pues evidentemente la respuesta es que no es tan sencillo. ¿Por qué? Lo primero de todo es que me suena un poco al cuento de la lechera. Y si algo nos ha enseñado el saber popular a través de los relatos es que el cantaro siempre hace aguas por algún lado. Primero, la bolsa es fluctuante. Segundo, el sistema se basa en que las empresas en las que se invierten siempre tienen beneficios y y siempre reparten dividendos. Y tercero, siempre reparten un dividendo tan generoso que nos permite nutrir rápidamente el sistema. Y esto no es así. No me parece un buen sistema para que sea el único en el que se invierte, pero no me parece que sea una de las patas dentro de un plan lo suficientemente diversificado.

Como dije en artículos anteriores, este es uno de los primeros productos que tuve, no porque yo lo adquiriese sno porque fue un regalo. Mi padre me regaló un pequeño paquete de acciones de Telefónica. Esto fue en los tiempos en que las compañías de telecomunicaciones empezaban a despuntar porque lo móviles estaban llegando al mercado. La estrategia de mi padre era "te regalo estas acciones porque tengo la esperanza de que mañana subirán y mientras tanto tienes el dividendo" Lo cierto es que la primera premisa ha resultado un desproposito. Telefónica subió un poco pero hoy por hoy es uno de los valores más maltratados del Ibex 35. Sin embargo ahí siguen.

Durante años fue un paquete que quedó ahí como suspendido en el olvido, hasta que empecé a trabajar y empecé a tener dinero ahorrado. Y sentí la necesidad de hacer algo más con mi dinero que dejarlo en barbecho en una cuenta corriente. Empecé a diversificar y, no recuerdo el momento, decidí apostar por crear una catera de valores. En un primer momento empecé a comprar acciones del Banco Santander. También me sonaba a empresa solvente. Y el caramelo del dividendo era siempre goloso. 

Mi manera de comprar en este tiempo era aleatoria y sin estrategia, por lo que las perdidas debieron ser grandes. Digo esto porque por aquel entonces no controlaba demasiado los movimientos, otro error. Incrementé posiciones en en ambos valores sin ton ni son. 

Y llegó el día en que decidí cambiar mis estrategias y mi manera de ver este producto. Lo comentaré en mi siguiente artículo.

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